La tuberculosis es una enfermedad infectocontagiosa causada por una bacteria que afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos como los riñones, la columna vertebral y el cerebro. Según explicaron desde el Colegio de Farmacéuticos, una de las razones del aumento de casos es que se trata de una enfermedad que durante muchos años dejó de estar presente en la preocupación cotidiana de la población gracias a la efectividad de las estrategias de prevención y control. Sin embargo, sus síntomas suelen confundirse con los de un resfrío o una gripe, lo que retrasa el diagnóstico y favorece la transmisión. Para detectarla es necesario realizar estudios específicos ante la sospecha clínica.
Entre los principales síntomas se encuentran la tos persistente durante más de 15 días, fiebre —especialmente por la tarde o la noche—, sudoraciones nocturnas, cansancio, decaimiento, pérdida del apetito, descenso de peso y, en algunos casos, presencia de sangre en la flema. La enfermedad se transmite por el aire cuando una persona con tuberculosis pulmonar activa, que no está en tratamiento, tose, estornuda o habla en ambientes cerrados y con contacto prolongado. Por eso, el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno son fundamentales para cortar la cadena de contagio. Además, la vacunación con BCG, que se aplica al nacer, continúa siendo una herramienta clave para prevenir las formas más graves de la enfermedad en la infancia.
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