El farmacéutico Ariel Asis, en el marco del Colegio de Farmacéuticos de Santa Fe, recordó la relevancia de prestar atención a la fiebre amarilla, también conocida como vómito negro, una enfermedad viral transmitida por mosquitos—no por personas—que vuelve a la agenda sanitaria cada vez que aumentan los viajes a destinos tropicales y subtropicales.
Asis explicó que la fiebre amarilla tiene una historia pesada en el país: en 1871, Buenos Aires sufrió una epidemia que provocó la muerte del 8% de su población. La hipótesis más aceptada señala que los soldados que regresaban de la Guerra de la Triple Alianza trajeron el virus al territorio.
La enfermedad puede manifestarse de manera leve o extremadamente grave, dependiendo de factores individuales como el estado general de salud y la genética. Los síntomas iniciales incluyen dolor de cabeza, dolor muscular y de espalda, fiebre y vómitos. En la mayoría de los casos, estas molestias desaparecen alrededor del quinto día.
Pero en otros, la evolución se complica: aparecen dolores abdominales y comienza una fase aguda que afecta hígado y riñones, generando insuficiencia renal y disfunción hepática. En este punto, la piel puede adquirir el característico color amarillo.
Frente a este panorama, Asis fue categórico: la vacuna cambia la historia. Es la única herramienta verdaderamente efectiva para evitar la infección. Sin embargo, aclaró que su disponibilidad varía: es gratuita en algunas provincias, pero en otras debe pagarse, con un costo que ronda los $270.000.
La recomendación es recibirla al menos 10 días antes de viajar a una zona de riesgo. Además, al igual que con el dengue, se deben seguir todas las medidas de protección contra mosquitos: repelente, ropa clara, ambientes ventilados y eliminación de criaderos.
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