Germán Irigoyen, conocido como “Samurai”, es rosarino y tiene un enfoque claro: la autodefensa como herramienta de control y conocimiento personal. Este arte, que nació en China y se consolidó en Japón, surgió como práctica de guerra y, tras ser prohibido, se transformó para adaptarse y perdurar en el tiempo.
Su interés comenzó en la adolescencia, cuando una serie despertó su fascinación por la cultura japonesa. Probó distintas disciplinas hasta que en Buenos Aires encontró el lugar donde formarse. Más tarde, en Rosario, conoció a un maestro con quien creó el grupo “Sombra de Caballeros”, un espacio de entrenamiento y evolución.
Lo que lo atrapó fue el misterio del guerrero: actuar en silencio, en las sombras, con precisión. Lejos del espectáculo, su práctica se basa en la técnica y la estrategia. Porque, como él mismo entiende, detrás de cada acción hay un propósito.
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